Acabo de encontrar por pura casualidad un lápiz con dibujitos de Minnie Mouse que me regaló mi antigua profesora de inglés, de la época en que viajé a hacer la inmersión lingüística.
Nunca me ha gustado mucho escribir con lápiz, se siente raro, no soporto la forma tan deslucida en que quedan las letras. Y eso que recién comencé a utilizar bolígrafo cuando tenía más o menos ocho años. No sé por qué hasta antes mis padres no me dejaban usar tinta.
Había una muchacha en la escuela de idiomas que era una gran dibujante, pero solo la veía a veces porque coincidíamos en el transporte, y a veces, cuando ella estaba sentada podía mirar sus ilustraciones.
Era muy buena manejando el lápiz aún el transporte público. En cambio yo siempre he sido bastante malo, creo que es porque mis manos sudan bastante –lamentablemente no suficiente como para que se considere un problema médico que deba ser resuelto- y el sudor hace que el lápiz se disperse y de una sensación de sucio a la hoja y a mis manos.
Al contrario, con el lapicero me siento más cómodo. Es una sensación de suavidad a diferencia de lo raposo que puede ser escribir a lápiz.
Durante el viaje de inmersión, recuerdo que el primer día de mi llegada me di cuenta que me había olvidado de traer mis materiales, es decir lo obvio, lapiceros, tinta borradora y repuestos. Por lo que el primer día de clases tuve que pedir que me prestaran un lápiz, fue la profesora quien me regaló entonces lo que yo definí como ‘el lápiz más afeminado del mundo’ y apenas lo utilicé un día.
Luego, esa tarde, estuve recorriendo las calles buscando una librería, claro que al principio no quería preguntarle a nadie por ella, me daba pena el hecho de que al preguntar pensaran que no sabía dónde estaba algo demasiado obvio.
Y tuve que caminar bastante hasta encontrar un letrero luminoso donde pude comprar los materiales. Nada más tonto pues a la mañana siguiente me di cuenta que en la misma escuela había una tienda y para colmo de males, que al frente de la residencia de estudiantes, había otra.
Desde entonces me acostumbré a preguntar, venciendo el miedo y también debido a que prefería ahorrarme caminatas sin sentido. Claro que no siempre las personas te van a mandar a los lugares que buscas o incluso, no siempre vas a entenderlos realmente.
Pero bueno, ahora, para variar, no encuentro ni un lapicero encima de mi mesa y estoy copiando una canción de U2, estoy practicando escucharla primero y traspasarla al papel. Así ejercito mi oído pero también mi rapidez para escribir oraciones correctas.
Pero me sigue molestando tener que escribir a lápiz, lo raro, acabo de encontrar un tajador, por puro milagro de San Lápiz. Ahora que lo pienso, el lápiz afeminado no fue un regalo… sino un préstamo, pero no importa, supongo que tampoco puede ser considerado un robo…
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