Aprender un idioma, incluso solo el tuyo, es una tarea constante y que dura toda la vida. Solo basta con ponernos a pensar en cuán diferente hablábamos cuando teníamos diez años, quince o veinte. Pero no solo me refiero al aprendizaje que uno adquiere durante sus años de vida escolar o universitaria, también aprendemos constantemente nuevas palabras y nuevos usos para viejas palabras, en el contexto de la vida cotidiana, con los amigos, la familia, la TV, el cine y demás.
Incluso podemos aplicar el mismo ejemplo con nuestros padres o abuelos, seguramente alguna vez te habrás dado cuenta que utilizan palabras o frases pasadas de moda o que tienen otro significado para ti.
Y también encontramos estas variaciones idiomáticas a través de distintos países y grupos culturales. ¿Existe un idioma español? pues si piensas en las diferencias entre un argentino y un español verás que realmente no es así. Y ninguno de los dos tiene mayor autoridad que el otro (vamos, somos mal hablados en muchos casos, recuerdo que cuando vino a visitarme un amigo mexicano se quedó horrorizado de mi vocabulario).
Si haces un repaso por la historia de tu vocabulario personal te darás cuenta que cada individuo en este mundo posee su propio ideolecto, es decir una ‘lengua personal’.
Por ejemplo a los seis años con mi hermano mayor nos poníamos una serie de apodos que ahora me parecen tontos y sin sentido pero en su momento creo que eran la categoría más alta en ofensa. A los diez años cuando aprendíamos que ciertas palabras tenían ‘otros significados’ y las luchas de la escuela por evitar las malas palabras, ¿quién no se regodeaba al poder utilizar esa que otra palabrita recién aprendida? E incluso aquellas frases con la que solo nos entendíamos entre un grupo reducido de amigos, ni siquiera con todo el salón de clases. Realmente cada momento de tu vida ha poseído un uso del lengua particular.
Las lenguas no cambian porque sí, son un reflejo de cuánto hemos cambiado nosotros mismos, como individuos, como parte de una sociedad, como parte de una nación, un continente.
Aprender un idioma nuevo es también una tarea constante, uno no puede simplemente tomar un libro de gramática y decir que ya sabe escribir y hablar en inglés o francés. Para conocer un idioma nuevo uno debe entender que no hay una sola perspectiva.
Está el aprendizaje formal de un conjunto de reglas establecidas, es como en la lógica o las matemáticas, un conjunto de reglas finitas permite formar infinitas posibilidades de palabras y oraciones.
Pero si ya sabemos que hay infinitas posibilidades de conjugar palabras y crear oraciones entonces también somos concientes que en muchos casos las reglas se rompen. Y esto es lo que sucede constantemente en distintos idiomas, el uso que les damos a las palabras, e incluso cómo formamos oraciones, no obedecen a las estrictas normas que se dan en un libro de gramática.
Y eso no quiere decir que se esté hablando de malos usuarios de un idioma, este fenómeno ocurre todo el tiempo y es el que produce el cambio y evolución constante de las lenguas.
Por ejemplo de ‘verecundiam’ en latín, la transformación fonética y hasta de significado varió con el tiempo hasta formar ‘vergüenza’. Y ejemplos como éste son los que constituyen la historia de todas las lenguas.
Por eso siempre debemos ser concientes de lo importante que es estar constantemente aprendiendo y practicando, no solo nuestro propio idioma sino también otros idiomas que son importantes saber y que a veces solo les tomamos atención por breve tiempo y luego los olvidamos, como el inglés, el francés o el alemán.
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