Siempre me han gustado los idiomas, debe ser porque provengo de una familia de orígenes de lo más variados. Mi madre es de padres italianos, pero a la vez mi abuela nació en Italia mientras que los padres de mi abuelo eran franceses. Por parte de mi padre tengo ascendencia latina, pues mis abuelos son de Chile, pero a la vez los antepasados de mi abuelo fueron rusos. Y ni qué decir de mi abuela, ella es descendiente de chinos que fueron a Perú para extraer guano
Ayer, revisando las fotos familiares y los árboles genealógicos de las dos familias (paterna y materna) me puse a pensar en cuantas culturas se mezclaron en distintas partes del mundo para que un simple individuo como yo termine ahora escribiendo en un momento de ocio en internet.
Definitivamente no soy producto de la generación espontánea y mucho menos de una suerte de fichas puestas al azar, diría que todo tiene una razón de ser en este mundo.
Debido a que siempre, desde niño, he tenido presente que antes de mí subyacen, no una sino varias herencias de sangre y culturas, siempre he tenido un gran interés por aprender distintos idiomas.
En el colegio fue lo de siempre, junto con el español de toda la vida aprendí el inglés. Pero no me sentí contento con esto, así que cuando tenía diez años le pedí a mis padres que me dejaran estudiar un idioma más. En esa época realmente estaba muy emocionado y mis opciones principales eran ruso o chino, pues me habían contado historias sobre mis bisabuelos y tatarabuelos. Sin embargo a mis padres no les emocionó para nada mi intención de aprender estas lenguas así que me ofrecieron estudiar francés o italiano.
Cuando terminé el colegio sabía tres idiomas, es decir sumando el español. Sabía inglés y francés, además estaba comenzando a estudiar el italiano.
Lo más divertido de este tema de aprender idiomas es que el solo saber uno o dos siempre puede ser limitante. En mi caso, el conocer tres idiomas oficialmente y manejar dos (italiano y portugués) me ha permitido tener acceso a mucha información interesante.
Cuando la gente se entera de la cantidad de idiomas que hablo y que me encuentro aprendiendo, siempre me preguntan si es que acaso no quiero ser traductor. Mi respuesta es simple: no. Mi único interés por aprender idiomas es que me hace sentir en contacto con parte de mi identidad, esa parte que se encuentra en las raíces y en los antepasados. Y esto de los antepasados es toda una cuestión, no quiero pensar ni creer que China o Francia son eso, cosas del pasado, quiero que sean cosas presentes y también futuras, son parte de mí y no deseo desligarme de ellas o simplemente mirarlas cada vez que volteo la cabeza hacia atrás.
Siempre que hablo con otras personas me sorprende lo poco que les importa las herencias que les han dejado sus antepasados y la forma en que ven esto como algo que debe dejarse en el olvido. En mi caso no quiero que estos lazos con países tan distantes se queden en la simple anécdota o en el azar, quiero creer que están presentes en mí por una razón y que puedo aprender de ellas siempre.
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