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Paul Auster es uno de mis escritores favoritos, ahora que presenta su nueva película en Donostia me da mucha curiosidad. Porque no es el tipo de escritores que me gustan simplemente, me encantan sus novelas que van a caballo entre lo imposible (no por irreal) y lo irónico del destino.

Por eso es que me atrae tanto Nueva York, cuando leo sus libros siento que esta ciudad también tiene algo de ‘real-maravilloso’ que va más allá de su violencia, fama y locura que parece caracterizarle.

Y es que si uno se decide por aprender un idioma como el inglés tiene múltiples razones para decidir aprenderlo en USA. Puede ser curiosidad o porque se le asocie con alguna estrella de la farándula que se admira.

Y claro, Nueva York mismo es todo un personaje que supera con creces a cualquier estrella con fama de cinco minutos a algún personaje político carente de originalidad.

Si uno decide ir a aprender a Nueva York debe saber que puede terminar de dos formas. Expectorado en calidad de turista o asimilado (casi devorado) por la ciudad.

Porque Nueva York es a la vez una Babel y también la que hace del inglés una lengua primordial. Decidirse por aprender inglés en una ciudad como esta es decidirse también por aprender a ‘sobrevivir’ o a vivir en este lugar, depende lo que uno desee.

Nueva York alberga a una variada población, podemos encontrar restaurantes de Sushi, comida hindú, mexicana, china, peruana, así como a distinto tipo de personas caminando en cualquiera de sus calles.

Pero a pesar de la variedad cultural el inglés es el idioma que se habla, por eso ir a Nueva York no debe ser una excusa para pensar que uno solo se relacionará con gente que habla su propia lengua, al contrario la demandante ciudad te exige el inglés en todas las formas.

Y yo lo digo por experiencia propia, la primera vez que fui tenía quince años y mis padres me mandaron con unos amigos suyos, que eran casi como tíos para mí, a vivir por un tiempo. En esa época (ahora tengo 22) era muy tímida y si bien mi objetivo era ‘aprender ingles’ lo único que hacía era estar cerca de los amigos de mis padres y de sus hijos, que eran de mi misma edad.

Cuando salía  a la calle me sentía mareada y atosigada y finalmente regresé a España apenas pasado un mes. Luego, hace un año, ya con un buen tiempo en un colegio de idiomas aprendiendo inglés, supe que tenía una cuenta pendiente con Nueva York así que decidí volver.

Esta vez no busqué la protección de conocidos sino que busqué una escuela de idiomas que enseñara inglés en Nueva York. No me fue difícil encontrarla pues hay muchas ofertas en pie y en mi caso, para sentirme más segura, pedí a unos amigos que me recomendaran una.

La experiencia fue totalmente diferente, no me sentí agredida o temerosa como la primera vez, además que el contexto era diferente yo misma tenía que tener otra actitud pues tenía que cuidarme sola.

No tengo por qué nombrar todos los museos que hay ni muchos menos lo extensa que es la Biblioteca de Nueva York o los cines y sus ofertas, restaurantes, el barrio chino y las miles de curiosidades y realidades que hay por vivir en esta ciudad.

Pasé dos meses aquí mejorando mi inglés y realmente me sentí como una ciudadana más. Eso sí, esta ciudad no la recomiendo para todo el mundo, hay que tener actitud para poder estar en sus calles, no por la inseguridad o el peligro sino por la misma ciudad en sí, que tiene una personalidad arrolladora de la cual uno tiene que estar listo a enfrentar, saludar y apreciar.

Quien quiera aprender inglés en Nueva York debe prepararse para vivir el día a día en una ciudad en donde no es posible hacerlo todo en unos meses, si no te organizas previamente buscando información de los lugares que más te interesan ver seguramente no verás ni la mitad de lo que querías ver al llegar.

En todo caso Nueva York es y no es la Nueva York de Paul Auster, y eso es lo que me gustó de esta ciudad, no era la típica ciudad que te ofrecen en folletos diciéndote que ‘se parece a tu pueblo’, o que es muy ‘tranquilo’ y la gente es ‘amable con todos los extranjeros’. En mi caso yo no pedía eso, pedía la sensación de vivir en un lugar donde se ocuparan de mi tanto como de cualquier persona, un lugar desconocido al que hiciera falta domar, y eso fue para mí Nueva York.

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