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Durante mi época en la secundaria tuve la posibilidad de pasar por dos tipos de enseñanza del inglés. Y no voy a decir que fueron precisamente gratas, al contrario, creo que a raíz de que una no fue nada grata la otra fue más bien ‘positiva’.

 

Estoy hablando de las clases de inglés en el colegio y en el instituto. Las primeras experiencias con el inglés fueron en la primaria. Aunque debo aceptar que en mi caso mi colegio nunca tuvo un buen plan de estudios para enseñar idiomas, al contrario, durante toda mi época escolar se trataba solo de llenar una exigencia curricular. Así, nunca tuvimos profesores realmente calificados.

 

Los que eran buenos con el idioma no tenían habilidades para manejar un salón o no sabían ser dinámicos. Y los que sí tenían técnicas pedagógicas y eran divertidos no eran precisamente muy buenos enseñando inglés.

 

Así, pasé toda mi etapa escolar inicial paseando por inacabados cursos, y para cuando llegué a la secundaria el asunto se volvió más serio. Ya no se trataba de tratar de contentar a un grupo de niños dispuestos a cantar ‘el pato hace cuac, la vaca hace mooo’, sino de mocosos adolescentes con ganas de hacerle la vida imposible a quien estuviera delante de ellos…

 

Quizá sea un poco radical la imagen pero creo que varios habremos pasado por la experiencia de hacer llorar a una profesora en clase y en mi caso esa experiencia fue con unas cuantas profesoras de inglés.

 

Finalmente anularon el curso de inglés en mi colegio dejando carta blanca para que los estudiantes decidiéramos aprender por cuenta propia. Y fue ahí donde entró a jugar la escuela de idiomas.

 

La primera escuela donde me matriculé me resultó bastante mala, realmente la consideré como una gran pérdida de dinero –aunque eran de esas que te ofrecían cincuenta por ciento de descuento si les traías el anuncio del periódico- . Ya cuando mis padres y yo decidimos invertir en una escuela seria es que las cosas comenzaron a funcionar como deberían, aunque por esto mismo es que me costó un poco acostumbrarme al principio.

 

Sin embargo, ahí realmente cuidaban a conciencia lo que era calibrar una buena metodología con profesores amenos y dinámicos. Lo cual hacía que la experiencia fuera menos insoportable, al mismo tiempo que los métodos tomaban en cuenta la edad de los estudiantes y nos proponían cosas que nos gustaban como ver películas o escuchar canciones que nos interesaran (y no esa música romántica para solteronas que ponían en el colegio).

 

Esto en lo que respecta a mí y la relación entre el inglés que aprendí y las dos formas en que trataron de que lo aprendiera. En todo caso, mucho depende de la forma en que te planteen el aprendizaje del idioma y otro tanto en qué tan motivado esté uno para estudiar.

  Para finalizar, solo quiero decir que no todas las situaciones son iguales, amigos de ahora tuvieron buenos profesores de inglés en sus colegios, entonces, en realidad a veces es cuestión de encontrar el punto en que una situación hace perfecta conjunción.

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