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Viajar puede ser una gran experiencia o una gran pérdida de tiempo. Ahora, para decir esto debo confesar que mis padres son los peores viajeros que hay y definitivamente los que más adoran las agencias de viaje turísticas.

Para mis padres viajar a un lugar desconocido es tomar un tour que les garantice un buen hotel y visitas a los principales monumentos históricos. Y claro, nunca olvidan la cámara fotográfica para dar testimonio de que ‘estuvieron ahí’.

Desde pequeños, a mi hermano y a mí nos tuvieron en esa eterna rutina al momento de hacer vacaciones. A tal punto nos acostumbramos a esto que llegamos a pensar que todo el mundo era igual, es decir hoteles, viajes en bus hasta edificios antiguos y desayunos americanos gratis.

Sin embargo cuando cumplí los diecisiete años la rebelión estalló en mi casa y me negué a seguir haciendo los viajes de vacaciones con mis padres. Obviamente la razón era que me daba vergüenza estar tan grande y seguir saliendo de vacaciones con mis viejos. Sin embargo no iba a ser tan fácil salirme con la mía por lo que tuve que encontrar un buen argumento para no irme con ellos en esas fechas libres.

Recordé entonces que cuando tenía como quince años un amigo del salón se fue de intercambio a un país por un tiempo. No me pareció mala idea esa de anteponer la educación a las vacaciones familiares y encontré la mejor forma en un viaje para aprender inglés.

A mis padres les pareció una buena idea el que yo me decidiera a hacer un viaje con ese matiz educativo por lo que no se opusieron a que buscara alguna escuela de idiomas en algún país para aprender inglés.

Comencé mi búsqueda por internet, después de todo mi viaje no se parecía en nada al de mi amigo de la secundaria. Me topé con que las ofertas de viajes para aprender idiomas no eran nada raro y había varias webs en internet que ofrecían ofertas.

Me tomó tiempo decidirme por alguna, en mi caso siempre preferí mandar un correo solicitando los datos y también una visita presencial a un representante de la escuela de idiomas, ya saben, para evitar cualquier mal entendido.

Fue así como contacté con una escuela en Irlanda que me ofrecía una buena oferta para pasar tres meses aprendiendo inglés. Luego de contactarme por correo, teléfono y de visitar a una de las representantes en Madrid opté por esta propuesta.

Nunca había visitado Irlanda, es más, mis padres estaban planeando hacer el mismo viaje que yo así que me pareció divertido comparar quien la pasaba mejor en sus vacaciones.

El ganador sin duda fui yo, la experiencia que uno adquiere aprendiendo un idioma es totalmente diferente a un viaje en tour por algún país. Yo pasé tres meses viviendo en Dublín, conociendo a la gente, paseando por sus calles, saliendo con amigos de la escuela de idiomas; mientras tanto mis padres hicieron un viaje relámpago de una semana y media a los destinos más visitados de Irlanda, corriendo de un lado a otro como las bolitas del pinball. Creo que el que ganó mayor experiencia fui yo conviviendo solo tres meses y aprendiendo el idioma y la cultura local en Irlanda, que mis padres en todos los años que iban haciendo turismo.

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