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Quiero aprender un idioma.

March 19th, 2008

Eres joven y estás interesado en aprender un idioma pero ¿cómo es que se aprende una lengua nueva? Obviamente no hay que ir al colegio para pasar varios años aprendiéndola. Sin embargo, sí que toma tiempo y dedicación aprender verdaderamente un idioma distinto.

 

Para ello se plantean distintas formas de enseñar idiomas. Por ejemplo, en el caso del inglés, si deseas estudiarlo puedes elegir entre distintas opciones. Como se trata de un idioma muy requerido, varios colegios suelen implementar la enseñanza de la lengua como curso regular.

 

También existen otras opciones, como asistir a clases en una escuela de idiomas dedicada solo a la enseñanza exclusiva de una lengua. O también probar con cursos en internet gratuitos. Otra opción son los tutores privados que te enseñan a tu ritmo. Y por último encuentra la experiencia de inmersión lingüística.

 Cualquiera de estas opciones, da la oportunidad de sumergirse en un idioma y un mundo nuevo.

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Aprender idiomas es una labor que más adelante puede ofrecer buenas recompensas.

 

Por un lado, existe la especialización misma de uno o varios idiomas, que puede llevar a que una persona se vuelva traductor profesional. El mundo de los traductores es a la vez pequeño y grande. Pues la traducción implica tanto la traslación de textos de una lengua a otra, como trabajar de intérprete en negocios y cosas por el estilo. Así, uno puede viajar mucho, ya sea por los mundos ofrecidos en libros y textos, o trabajando como intérprete internacional.

 

Para aquellos que no consideren el aprender idiomas como una profesión, también deben darse cuenta que el saber un idioma crea posibilidades amplias en la vida de uno.

 

A nivel académico, el conocer inglés y otras lenguas, como el alemán o el portugués, es una forma en la que uno se abre campo. No solo porque la información a la que uno puede llegar es mayor sino que también se diversifica. No hay que depender de las traducciones en todo caso, por lo que nuestros conocimientos no estarán limitados a las decisiones de un mercado editorial ni educativo específico.

 

A nivel laboral, el conocimiento de otras lenguas hace que uno pueda considerarse capaz de competir con profesionales de distintas partes del mundo, tanto para conseguir puestos de trabajo no solo en el país de nacimiento, sino también el poder formar empresas que no estén limitadas por el idioma, así como establecer redes con un mercado laboral y de negocios mucho más amplio.

 

A nivel personal, el fenómeno es similar a los anteriores. En el sentido que uno tiene un universo más amplio por conocer, así uno conocerá más personas, que compartan aspiraciones, gustos, sueños o simplemente con quienes se pueda trabajar y negociar de manera satisfactoria. Además, esto mismo repercute en la amplia red de relaciones sociales que se puede hacer. Cuando uno conoce más de una lengua también puede hacerse entender y comprender a otras personas, de modo que se conoce a una mayor cantidad de gente.

 

Quizá esto no garantice que uno vaya a hacer un millón de amigos pero al menos demuestra que el mundo es más grande que el idioma, y el conocer solo una lengua a veces limita las posibilidades de que uno se desarrolle en distintos aspectos de su vida.

 

Así, los idiomas son una parte vital en la experiencia del hombre. Aunque muchas veces pensemos que nuestra lengua es la correcta y la que deberían hablar los demás, esto es falso. Debemos darnos cuenta que existen muchas formas de expresarse en este planeta, y que es vital para las personas, que hagamos el esfuerzo por relacionarse con nuestros semejantes.

 Aprender idiomas, después de todo, no es un imposible, es algo que se puede lograr a base de esfuerzo, dedicación, interés y deseo de superación. Como ya se dijo antes, los idiomas no son la respuesta a la falta de trabajo o escasa vida social, sino son una herramienta que cada uno debe aprender a utilizar.

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Aprender un nuevo idioma toma tiempo, dedicación y dinero. Tres grandes verdades que hacen que uno retroceda cuatro pasos en una decisión inicial.

 

Las razones que nos pueden llevar a aprender una nueva lengua son varias, van desde las razones intelectuales, laborales, prácticas, sentimentales, pero, salvando las varias las razones, es bueno saber siempre por qué es importante aprender un nuevo idioma.

 

Al viajar a un país desconocido, uno intenta aprender el idioma nuevo porque quiere establecer lazos y relaciones con las personas del lugar y así sentirse parte de esta comunidad. Aprender un idioma es también una forma de ser aceptado y aceptar a los demás, además de mostrarse interesado y respetuoso por conocer una nueva cultura y grupo humano.

 

Ya lo dijo Goethe además: “quien no conoce las lenguas extranjeras, no conoce la suya propia”, que se refiere a que el idioma que hablamos ahora tiene raíces antiguas y en muchos casos comparte raíces con aquellas lenguas que llamamos ‘ajenas’ o ‘desconocidas’.  Todas en cierto modo están relacionadas a nuestra lengua y si no lo es en las raíces más profundas lo es en otros aspectos, mucho más subjetivos en cada uno de nosotros.

 

Cuando alguien dice ‘aprender idiomas te puede permitir conocer otras personas’ a veces no considera que en muchos casos se da al revés. Es decir, que ya hay familia cuyos miembros son de otros países o hablan otros idiomas, o incluso amigos o hasta parejas que tienen otros lazos culturales, e interesarte por sus tradiciones y lengua, es una manera más de demostrar que te interesan ellos.

 

Quizá el trabajo sea una de esas ‘razones’ por las que es siempre práctico y útil aprender idiomas. Si uno trabajo en profesiones que necesiten que uno viaje constantemente o que se relacione con un mundo cosmopolita, entonces, conocer otros idiomas te permitirá relacionarte con personas como uno (laboralmente) pero que hablan otras lenguas.  Y, el conocer otras lenguas incrementa tus posibilidades de conseguir otros trabajos en otros países, lo mismo que en los estudios.

 

Muchas personas suelen quedarse solo en el inglés como lengua aprendida pensando que esta es la que realmente ‘todos conocen’ cuando en la práctica, la realidad es otra. El inglés es importante pero esto no le resta valor y necesidad al hecho de aprender otras lenguas importantes. El inglés, muchas veces, suele estar limitado a hoteles o lugares estrictos de trabajo y además, solo se maneja en un nivel muy elemental. Si ya has viajado antes puede recordar tu experiencia hablando inglés lentamente para que el mozo o el vendedor trataran de entender el idioma que no hablaban.

 Aprender distintos lenguajes e idiomas es también una forma de aprender parte del corazón de una sociedad y por tanto de los individuos que la conforman. Quizá suene cursi pero, por lo que he aprendido en este tiempo, creo es verdad. El límite de unos mismo respecto al mundo es a veces esa barrera llamada ‘idioma’.  

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Con suerte, si aún estamos en el colegio, tendremos la oportunidad de que nuestros padres sean quienes elijan, bien o mal, la escuela de idiomas en donde nos adiestrarán para el inglés.

 

Sin embargo, no siempre es así. Hay padres que te lo encargan todo a ti, y aunque tienes ganas de gastarte el dinero pues sabes que es mejor invertirlo en lo que te ordenaron. Si ya eres mayor y estás en la universidad, pues la decisión de elegir una escuela de idiomas debería ser tuya.

 

Pero bueno, para elegir una escuela de idiomas debemos tener en cuenta algunos puntos importantes.

 

Método de enseñanza, horarios, precios, cantidad de alumnos por clase, profesores capacitados e infraestructura.

 

Recuerdo que mi madre se dejaba llevar por la ilusión de la infraestructura. Veía un edificio nuevo (que seguro era alquilado o carecía de columnas internas) y pensaba que era el lugar ideal para aprender inglés. A veces es fácil dejarse engañar por la infraestructura, que si es un edificio majo, muy alto, con sala de cómputo, ventanas polarizadas o acabados de última. Pero esto es siempre lo de menos.

 

No ganamos nada sentándonos en una silla que costó doscientos dólares, si es que estamos en una clase con cincuenta alumnos más y un profesor que te obliga a repetir día tras día, una misma oración.

 

Así que a la hora de escoger una escuela de idiomas, fijémonos al menos de que cuenta con la aprobación del estado y si tiene otros títulos internacionales que le acrediten como una escuela de inglés decente.

 

También es bueno preguntar por los horarios, casi en todas las escuelas son horarios estándar por lo que no hay mucho problema, ya es decisión de uno si prefiere estudiar en la mañana o en la noche.

 

Por otro lado, también es bueno saber cuál es el mínimo y cuál el máximo de alumnos por clase. Que no te engañen solo diciéndote el mínimo para que el primer día de clases te encuentre con noventa y nueve alumnos más. Cuando se estudia con demasiada gente un idioma, es muy difícil aprender, ya sea por la distracción, porque el profesor solo puede encargarse de unos pocos alumnos o porque estás muy lejos de la pizarra y no pillas nada.

 

Recordemos que siempre es bueno elegir una escuela certificada y con recomendaciones, aunque un poco más costosa, que una barata, desconocida y de dudosas ofertas.

 

Es bueno también tener información de todas las escuelas de idioma que te interesen antes de tomar una decisión, así puedes comparar datos y llegar a una conclusión que pueda resultar satisfactoria.

 Por ejemplo, en la escuela donde es más barato hay más alumnos pero la infraestructura es bonita, sin embargo, ¿la infraestructura te va a enseñar inglés? No. Y si hay otra algo más cara pero que se cae a pedazos frente a una del mismo precio con buenas recomendaciones y un establecimiento decente… pues quizá ya se tenga la respuesta.

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Muchos dicen que no hay mejor forma que practicar una lengua que estando en contacto constante con ella.

 

Seguramente muchos habrán oída hablar de los viajes de inmersión, llamados también viajes lingüísticos o estudios de lengua en el extranjero. Y muchos seguramente se habrán llevado la mano a la boca pensando ‘mola mucho esto de irse al extranjero y aprender el idioma, conocer un nuevo lugar y gente distintas’ y luego, cuando bajan la mano al bolsillo, pues se encuentran con la gran realidad.

 

Y, esto es que no tenemos un agujero infinito repleto de dinero en nuestras carteras. Seguramente muchos se encuentran también en época de estudios, los que tienen suerte aún estarán en el colegio y podrán contar con la ayuda paterna por si quieren buscar una escuela de inglés o, si tienen buenas notas y eso, pensar en un intercambio estudiantil para aprender inglés en un país donde lo hablen.

 

Pero, los que ya están más grandes, en la universidad por ejemplo, quizá deben apañársela con los estudios al mismo tiempo del trabajo y a eso de ya no poder ir pidiendo dinero a los padres con más continuidad que antes.

 

En fin, los viajes de idioma son una buena alternativa para aprender un idioma pero ya que no todos podemos realizarlo debemos saber que no SON la única forma de aprender algo como el inglés. Es más, siempre hay despistados que se gastan un dineral en un viaje de inmersión y luego regresan sin haber aprendido nada porque prefirieron divertirse en lugar de aprender.

 

Con todo, recurrir a unas clases normales de inglés es una forma lógica de aprenderlo, quizá más lógica que aprender el idioma mientras se duerme. Que yo sepa, ni en biología en el colegio, logré aprobar a la primera, porque me la pasaba durmiendo (y no pregunten por Educación Física).

 

A decir verdad, creo que comencé a practicar con más continuidad esto del inglés cuando en la universidad empezaban a asignarme más y más lecturas en este idioma. Sí, hay profesores que son así, que te eligen la mejor bibliografía, tiene muchas ganas de enseñarte y suponen que sabes inglés.

 

Y, una cosa es hablar bonito en una clase de idiomas y escribir cuatro o cinco oraciones como tarea o sentir que entiendes una serie de TV porque escuchas en el idioma original pero lees los subtítulos en español; y otra es tener que apañártelas solo leyendo un texto crítico de inglés sobre la figura literaria de tal o el marketing de por cual.

 

Es entonces cuando realmente, por obligación, necesidad y presión, te metes horas y horas traduciendo y aprendiendo, aunque no quieres, lo que estás leyendo. Aunque parezca trillado esto les ha servido a muchos amigos que no han viajado nunca, ha ir mejorando en ese inglés que siempre reprobaban cuando sus padres les pagaban las clases en la adolescencia.

 Subyace en todo esto la idea de la motivación, sin motivación en el campo de los idiomas, vas retrasado.

 

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Un profesor privado puede hacer maravillas por uno para lo que es mejorar el nivel de conocimientos que se tiene de una lengua, como también, iniciar al neófito en la aventura de los idiomas.

 

Sin embargo, no siempre los estudios personalizados y en privado hacen maravillas. Es más, esto depende casi en exclusiva del alumno. Más o menos sería un 90% de responsabilidad del estudiante y un 10% para el profesor.

 

Cuando se estudia con profesores privados, no tenemos una masa anónima de gente rodeándonos que nos ayuden a perder el miedo cuando no entendemos algo y hacer escándalo por esto mismo. La ausencia de  compañeros también implica que no te podrás distraer. Y en muchos casos, pues no tendrás ‘la ayuda’ de los demás si quieres enfrentar al profesor que no te agrada o que, de plano, no te cae bien.

 

Contar con un profesor privado también implica que uno sea consciente de que se le está pagando por enseñarte y enseñarte bien. Cuando sientas que no aprendes pues tienes que decírselo y exigir (sugerir en buena manera también) que plantee la enseñanza de otra forma.

 

Pero, muchas veces estamos acostumbrados a una relación jerárquica con los profesores de modo que si algo no nos gusta, nos quejamos a sus espaldas o simplemente nos tragamos la molestia y esperamos pasar el año con la nota más baja.

 

Sin embargo, como decía antes, la responsabilidad de saber aprovechar a un profesor privado recae en cada uno. Teniendo clases para uno solo, de inglés por ejemplo, podemos preguntar lo que queramos, podemos equivocarnos sin sentir pena por que los demás se burlen de nosotros. Cosas que, a veces son difíciles de hacer cuando estamos con los amigos o rodeados de extraños.

 

Además, la distracción es menor en clases privadas, tampoco significa que te vas a aburrir pero al menos, no podrás perderte entre los alumnos de clase y pensar en musarañas, siempre deberás estar atento y practicando. Y todos sabemos que la práctica hace al maestro, de modo que a más práctica, irás aprendiendo mejor el idioma que estudies.

 

Con los tutores privados de lenguas también puedes sentir que avanzas finalmente a tu ritmo. Cosa que a veces no sucede en las clases normales. A más de uno le puede haber pasado que se ha aburrido horrores en una clase porque todos los compañeros iban más lento que uno, o al revés, que tú eras el que estaba perdido, pero como todos los demás iban bien, pues quedabas de lado.

 

Es importante que uno no sienta pena o problema por su capacidad de aprendizaje, no todos somos iguales en esto y con un profesor privado se pueden salvar estos conflictos de forma personal y directa.

 Y, los profesores privados de idiomas no solo están disponibles en nuestras ciudades, también se pueden buscar en los viajes de inmersión lingüística. Pero para esto, sí sugeriría que se buscara recomendaciones directas de personas que se conozca, porque a veces puede haber sorpresas inesperadas.

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Dicen que una sonrisa vale más que mil palabras, que una lágrima lo puede decir todo, que un abrazo significa más que una explicación. Por tanto ¿qué es mejor entonces? ¿Aprender a ser mimo o aprender algún idioma?

 

Que yo sepa, en Nueva York sonreírle a una persona no te garantiza que vayas a hacer una linda amistad, incluso acá en mi propia ciudad, abrazar a alguien puede implicar que el ‘abrazado’ te de un golpe pensando que quieres robarle. Yendo un poco más lejos, ¿se imaginan cuando alguien que tiene tradición de dar besos en mejillas a todas las personas, viene y saluda así a un inglés o un japonés?

 

No digo que no sea verdad que a veces un gesto vale más que mil palabras pero los gestos no son la única forma ni la FORMA en que los seres humanos podemos relacionarnos y comunicarnos. Es más, no todos los gestos significan lo mismo para todos. Solo basta con reparar en que mientras nosotros decimos “no” moviendo de derecha a izquierda la cabeza, los japoneses lo dicen colocando la mano frente a su nariz… o algo por el estilo.

 

Por otro lado, sucede que los seres humanos tenemos esa manía (no diré talento que luego salen con que ‘las guerras y bla bla bla’) de poder comunicarnos por medio de un lenguaje y no un simple lenguaje sonoro, sino que además somos capaces de tener sistemas de escritura y transmitir más que actos o necesidades inmediatas por medio de las palabras, ya sean escritas o pronunciadas.

 

Aprender otros idiomas es, por un lado, tratar de conocer una nueva cultura que habla una lengua distinta a la nuestra y que tiene distintas tradiciones y hasta formas de ver la vida y cortar una fruta. Pero también es una forma de que uno tenga acceso a más fuentes de información por sí mismo. Es distinto cuando esperamos una traducción de algo, o incluso el resumen. Con las traducciones siempre quedamos ante el arbitraje ‘arbitrario’ (¿?) del traductor, entre el mar del creador y el mar del que lo interpreta y nuestro propio mar que interpreta lo interpretado…

 

Ser capaces de conocer otra lengua a parte del español es una forma en que podemos ser capaces de conocer otras cosas y otros mundos. Y no solo el inglés está presente como un idioma importante. Hay muchas otras lenguas que a veces son colocadas en tercer nivel ante la predominancia mediática del inglés.

 

No olvidemos que los idiomas son, mal que bien, una forma en que la humanidad (ésta loca, demente e ingeniosa y pérfida humanidad) se comunica, en que las civilizaciones ‘perduran’ para otras civilizaciones. Y hay muchos lenguajes que encuentran las distintas sociedades para transmitir sus formas de pensar y sentir. No existe un solo lenguaje y debemos tratar de recordar esto.

 Somos animales ‘racionales’, supuestamente, aunque quizá haya muchas formas de probar lo contrario ¿y cómo? Las acciones duran un instante pero las palabras, las hacen durar siglos.

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Digamos que los viajes lingüísticos dan la oportunidad de conocer un nuevo lugar, conocer nuevas personas y vivir por un tiempo de forma independiente. Eso suena muy atractivo, al menos eso fue lo que me convenció para aprovechar la experiencia.

 

Sin embargo, los viajes de idiomas no son lo mismo a los viajes turísticos. Si uno revisa un poco los viajes que ha hecho con la familia o con los amigos lo sabe bien. En un viaje común, uno siempre dormirá hasta tarde, saldrá con los amigos a conocer los lugares de interés, irá de fiesta hasta la madrugada y no habrá interés de conocer el idioma porque estás con tu gente y no tienes por qué entender a los demás.

 

Las vacaciones y el turismo son momentos de relajo y ocio, los viajes de idiomas, aunque sean divertidos implican un compromiso con algo que hay que tener siempre en cuenta: estamos invirtiendo dinero y tiempo para aprender un idioma.

 

Por eso debemos ser conscientes que cuando viajamos a una inmersión lingüística no vamos a pasar por la misma experiencia que cuando nos fuimos mochileando por Francia y España. El empezar un viaje lingüístico como un curso de idiomas, y acabarlo como un simple viaje de placer y turismo, es algo que puede pasar con relativa facilidad debido a que el estudiante pierde a veces el rumbo y las metas que tenía planteadas.

 

Mientras que en un viaje de placer la meta puede ser ‘llegar hasta tal ciudad con cincuenta euros y beber hasta morir’, la meta del viaje para aprender idiomas será ‘aprender el idioma de turno’ y si uno no está de acuerdo con esto y de plano piensa que quizá podría saltearse unas cuantas clases, entonces quizá esté yendo por un mal camino.

 

En ningún caso, aprender un idioma en Londres o París será aburrido en comparación a hacer turismo en Londres o París. Pero los enfoques son distintos y creo que todos lo tenemos más o menos claro. Al aprender un idioma uno se compromete a ir a clases, prestar atención a las clases, hacer los deberes asignados, relacionarse con los compañeros y practicar el idioma después de las lecciones, después de todo, uno está en una ciudad donde se habla solo el idioma que se está aprendiendo.

 

Y, si por algo las personas siguen recurriendo a los viajes al extranjero para estudiar una lengua, se debe a que las lecciones no son idénticas a las clases ordinarias. Sino a nadie le interesaría estar cinco meses en Berlín si lo único que se ofrece son lecciones diarias y nada más. Las escuelas de idiomas suelen ofrecer paquetes atractivos a los estudiantes de modo que hay un balance entre las clases comunes y los paseos, visitas y demás actividades recreativas que permiten a los estudiantes conocer una ciudad nueva.

 Además, la oportunidad de conocer personas diferentes y sentirte independiente son experiencias que uno no puede tener con facilidad, y en estos viajes están presentes.

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Estuve conversando con una amiga que ha pasado lo mismo que yo cuando era niño y me hacían estudiar el inglés por obligación. Es decir, siempre empezaba el curso y nunca lo terminaba, me retiraba luego de hacer uno o dos niveles y luego de dejar pasar un tiempo (que podía ser hasta años) volvía al curso, repitiendo desde el inicio.

 

Creo que eso lo hacía yo por inseguridad y porque olvidaba fácilmente lo aprendido de modo que siempre consideraba que era mejor empezar de cero ‘para repasar’, mi amiga también peca de esto. El problema es que para reincidentes como nosotros cuando se reinicia el idioma no es tan fácil como se piensa.

 

Con ‘no tan fácil’ quiero decir que cuando uno ha pasado más de una vez por el mismo curso se le empieza a hacer insoportable escuchar las mismas letanías una y otra vez y por eso se le hace más complicado ‘aprender’ lo que ‘aprendió’ antes.

 

Esta amiga, a la que conocí los primeros años de la universidad, no es la única que ha llevado cursos de inglés una y otra vez sin acabarlos.

 

No puedo decir a ciencia cierta cuántos reincidentes de cursos de inglés habrá, pero conozco a varios a mí alrededor. Tengo dos buenos amigos de infancia que eran también reincidentes y otros dos chicos que conocí en el viaje de inmersión lo eran también.

 

El problema con la reincidencia es que te quedas en la mitad de todo. Es decir, como ya has llevado los cursos, sientes que te aburren pero como no los llevaste bien, sientes que no aprendiste antes y que probablemente no aprenderás ahora.

 

Más si es que te llagas a convertir en un reincidente itinerante, de aquellos que llevan cursos de inglés en cuanta escuela de idiomas encuentre y que empieza siempre desde el primer ciclo.

 

Incluso hay quienes habiendo pasado por la inmersión lingüística descuidan lo aprendido y se encuentran de pronto ante una grave involución. Es decir, la inmersión lingüística no es la respuesta milagrosa a aprender inglés. Es un buen método para aprender un idioma pero esto no implica que en Nueva York o Londres sometan a tu disco duro a una formateada y nunca olvides lo aprendido. No somos máquinas finalmente.

 

La práctica constante es lo que evita que uno olvide lo aprendido y que recaigamos en el mal hábito de volver a comenzar las cosas. Como cuando nos inscribimos en ese curso de karate o de cocina al que solo fuimos una vez… y que nunca llegamos a aprender. Uno supuestamente pagó por esas lecciones pero no puede dar fe que conoce de karate o cocina. Del mismo modo, en el inglés y en cualquier idioma, se puede pagar muchas veces por aprender y comenzar de nuevo pero de nada servirá empezar algo si es que no se termina o si solo se dejan las cosas a medias. Aunque parezca tedioso, es más fácil empezar y terminar algo una vez, que recomenzar mil veces.

 

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En la mayoría de casos, cuando se exige conocimientos de una segunda lengua, suele significar que sea del idioma inglés y además, no necesariamente que se conozca el idioma sino que solo se acredite un título que lo ’sugiera’.

 

Muchos de nosotros probablemente hemos tomado el camino ‘fácil’ en el tema relacionado con los idiomas. Para quienes lleven estudios universitarios, es usual pensar que acabar la carrera y obtener un pedazo de papel que señale que se concluyó una especialización es suficiente. Si uno piensa así de sus estudios, por qué no tendría que ser así con los idiomas, en este caso el inglés.

 

Muchas personas que terminan la universidad no parecen interesados en hacer especializaciones, maestrías y doctorados, por lo que el estudio de un idioma ¿para qué puede servir?

 

Digamos que para nada, después de todo, no se necesita inglés para trabajar en un restaurante de comida rápida o quedarse para siempre en el mismo puesto de algún trabajo de medio pelo. Es más, probablemente ni hayas necesitado ir a la universidad y el título que obtuviste esté juntando polvo en algún lugar de la casa de los padres.

 

Los títulos serán siempre útiles cuando lo que se busca son solo certificaciones, probablemente si uno no busca los suficiente ni trata de desarrollarse más no vaya a necesitar ni el título académico ni el título de inglés más que para protocolos.

 

Es en la vida práctica cuando uno se da cuenta que debe demostrar lo que, en principio, aprendió. Y no solo si se ha estudiado administración de hoteles o abogacía, se necesitará probar que uno es profesional en su campo. Para expandir sus conocimientos y mejorarlos, probablemente sea necesario estudiar más y hacer especializaciones.

 

Estas especializaciones no suelen dictarse en cualquier clase de barrio, a veces hay que apuntar a universidades en el extranjero e incluso –oh descubrimiento- a fuentes de información que no se encuentran en nuestra lengua.

 

Es en estos casos, cuando ese título de inglés intermedio que aprobaste raspando no va a ser tan importante como el cuán capaz seas realmente de poder leer, escribir, entender y hablar el idioma que supuestamente aprendiste.

 

El título es un reconocimiento a los logros obtenidos al alcanzar una meta. Pero en el caso de los idiomas, muchas veces hay una dejadez y poca seriedad acerca de los títulos que se dan y de la seriedad con la que una persona se toma los estudios de una lengua. Quizá a muchos no les importe que sus objetivos en la vida no apunten a desarrollar más las habilidades que han ido adquiriendo académicamente.

 Pero para aquellos que buscan desarrollar mejores posibilidades laborales el título en los idiomas debe ser reflejo cabal de que realmente se ha aprendido la lengua. Conocer un idioma suele significar que se maneja una herramienta que ayuda a la persona a desarrollarse mejor en la vida laboral y académica, y es en estos casos cuando el tener un título de inglés es sinónimo de conocer el idioma.

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